La palma africana en la selva de México.

La selva Lacandona o mejor conocida como el “Desierto de la Soledad”, está ubicado en el estado de Chiapas, en México. Dentro de sus habitantes se encuentra Rafael Lombera. Él vive en esta selva desde hace 44 años. Desde su casa hasta donde corre el río se puede apreciar un empinado de cincuenta metros de desnivel cubierto por una densa capa de flora, acompañada de su múltiple fauna. Chiapas al ser uno de los estados más biodiversos del país, se considera como uno de los territorios más emblemáticos para la conservación ambiental en México.

En Boca de Chajul, una pequeña comunidad del municipio de Marqués de Comillas, en Chiapas, Rafael Lombera ha visto desaparecer grandes extensiones de selva y él afirma que ha sido principalmente por la costumbre humana de explotar recursos naturales y principalmente por la ganadería.

Durante el recorrido hacia Chajul, y hasta la entrada de este pequeño poblado, se observan a orillas de la carretera letreros con la leyenda de “Pago de Servicios Ambientales”, un programa del gobierno de México que promueve la conservación en propiedades privadas o en ejidos (una figura legal que da derechos sobre la tierra a campesinos).

Los tramos de selva se disputan el paisaje con los predios sembrados con palma africana en tramos del camino. Este rincón selvático que recibe a investigadores de flora y fauna durante todo el año está en la región donde empezó la siembra de la palma en México, a mediados del siglo pasado.

Y actualmente es uno de los puntos de referencia para ese cultivo en Chiapas, que es el principal estado productor del país con un aproximado de 64,000 hectáreas sembradas (con cifras actuales de la Secretaría del Campo de Chiapas) que superan el 70 por ciento de toda la superficie de palma africana en México.

El Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), una institución del gobierno nacional, calcula que México tiene en total 2.5 millones de hectáreas propicias para sembrar Palma Africana, una superficie mayor que el territorio de El Salvador.

La mayor parte de esa superficie propicia para la palmicultura está en el sureste (dos millones de hectáreas, según el gobierno federal), una región a la que pertenece Chiapas, que tiene las condiciones agroclimáticas para extender las plantaciones de Palma hasta en 400 mil hectáreas.

Esas tierras propicias para la palma son las que concentran el 75 % de las precipitaciones pluviales en México y parte de ellas ya están sembradas en la zona de amortiguamiento de la Selva Lacandona y en una de sus ocho áreas naturales protegidas, la Reserva de la Biosfera Montes Azules, de 330 000 hectáreas, según lo explicaron el especialista en palma africana y profesor de la Universidad Intercultural de Chiapas León Ávila y el poblador Rafael Lombera.

Este conocido personaje de Boca de Chajul nota cambios en las dinámicas de la selva y tras cuatro décadas en el lugar, duda mucho que pueda seguir viendo inundaciones a su alrededor, tiene una opinión clara de cuál es la mayor amenaza para uno de los más grandes pulmones de México: “la selva se está talando para sembrar la palma africana”.

De acuerdo con el director de Orticultura de la Secretaría del Campo de Chiapas, Onorato Olarte, la palma se siembra donde ya no hay selva, en potreros que eran utilizados para ganadería. Afirmando que se encontraba deforestado. “La estrategia de fomento a la palmicultura está basada en la no tala de selva para apertura de nuevas plantaciones. Lo que se ha hecho en la Selva Lacandona es utilizar los predios que habían sido utilizados para ganadería”, afirmó en entrevista con Mongabay Latam.

La postura del gobierno polemiza con otras opiniones que apuntan a que las plantaciones de palma “inciden negativamente en la disponibilidad de líquido” en la zona de selva, incluyendo la Reserva  de la Biósfera de Montes Azules que, de acuerdo con la publicación especializada, Gloobal, ha sido deforestada en un 80 por ciento. Hasta 2013, el Servicio de Información Agroalimentación y Pesquera (SIAP) calculaba que el 44 % de la Palma sembrada en Chiapas estaba en zonas selváticas.

Por otro lado, según estimaciones de la Secretaría del Campo de Chiapas, hay cerca de 64,000 hectáreas sembradas en ese estado, con lo cual, el objetivo de llegar a 100,000 está cada vez más cerca, señaló Olarte. La postura del gobierno chiapaneco es clara y existen cuatro viveros de palma que, según el Instituto de Fomento a la Agricultura Tropical, son los más grandes de América Latina. En entrevista con Mongabay Latam, el investigador León Enrique Ávila, especialista en palma africana y profesor de la Universidad Intercultural de Chiapas, aseguró que la siembra de Palma en Chiapas no incluye un control ambiental efectivo.

Antonio Castellanos, investigador del Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y la Frontera Sur, con seis años de trabajo con los productores de palma en los ejidos, aseguró que una de las condiciones para recibir el apoyo del gobierno mexicano “es comprometerse a sembrarla solo como monocultivo”. Donde hay Palma Africana, no hay más flora.

Para León Ávila la sensación cuando recorre zonas de palma es la de estar en un “desierto del silencio donde ya no hay ruido al amanecer”. Él ha caminado la región durante años y dice haber visto cómo ese cultivo ha cambiado las dinámicas de la flora, la fauna y de las personas.

En su experiencia, donde hay palma ya no se escucha el bullicio tropical al amanecer y es muy difícil encontrar aves. Los monos saraguatos están en algún reducto de vegetación peleando entre ellos, las abejas buscando polen sin encontrar y los murciélagos están sin esparcir semillas de árboles frutales, narró con detenimiento Ávila.

Y las personas que antes vivían de sus cosechas y los productos que les ofrecía la selva —explicó el especialista— ahora esperan con ansia la fecha en que los dueños de las fábricas pagan a los palmicultores y estos a su vez reparten los sueldos entre sus empleados jornaleros.

Distintos investigadores han coincidido en que la principal falla está en el hecho de que el cultivo ha sido introducido como monocultivo.

Y de acuerdo con la publicación especializada, Gloobal, “las miles de hectáreas de palma africana implican no solo mantener la deforestación sino aumentar el CO2 e incrementar la contaminación del agua con agroquímicos en las regiones de alta biodiversidad, como las regiones de la biosfera (de Montes Azules) y la selva Lacandona”. Por su parte, Onorato Olarte aseguró que el gobierno de Chiapas, junto con el gobierno federal, tienen monitoreo sobre la actividad de los productores para vigilar que no tiren selva para sembrar palma. De acuerdo con el funcionario, el actual gobierno chiapaneco (que inició en 2012) apuesta por impulsar la siembra de palma en territorios que ya habían sido deforestados para practicar la ganadería, en los llamados “potreros”.

La palma es el cultivo destinado a saciar las necesidades de los mercados extranjeros y nacionales que demandan biodiesel y aceites para la industria de los alimentos. Según el Banco de México, el país importa cerca de 462, 000 toneladas de aceite de palma al año, lo cual equivale al 82 % de la cantidad que consumen sus industrias. Por lo tanto, se requieren 200, 850 hectáreas produciendo para poder abastecer de aceite al mercado interno —actualmente hay 24 434 hectáreas en producción y 30, 000 en etapa pre productiva—, un largo camino que recorrer que promete mejores ingresos en las regiones rurales de las zonas más pobres.

Por el momento, el gobierno Chiapas cree que puede alcanzar su meta de 100, 000 hectáreas, pues se acerca a las 65, 000 y, según estimaciones de la Secretaría del Campo, el 80 % de esa superficie ya se encuentra en etapa productiva.

México tiene 10 plantas extractoras de aceite de palma. Siete de ellas están en Chiapas y todas son privadas. Alrededor de ellas los productores se organizan y hacen lo necesario para “limpiar” sus tierras y pasar de ganar —por ejemplo— 5000 pesos (277 USD) mensuales por el total de su cosecha de maíz sembrado para venta y consumo, a recibir hasta 35 000 (1939 USD) cada mes por el monocultivo, según el testimonio de José Baldovinos, palmicultor de Boca de Chajul.

Así que se puede concluir que se aprovecharon las condiciones climatológicas del estado de Chiapas, respecto a su posición geográfica. Sin embargo, estos plantíos han perjudicado parte de la cultura de los nativos, y también el ecosistema de la zona.

Es muy importante la producción de esta palma, sin embargo, siempre debe hacerse con un control para evitar posibles daños en el futuro.

María SE.

 

Referencias:

Soberanes, R. (junio 16, 2017) La palma africana avanza en la selva de México. Recuperado el 17 de junio del 2017, de http://ladobe.com.mx/2017/06/la-palma-africana-avanza-la-selva-mexico/

Marina E. (junio 16, 2017) Sin medidas de desarrollo sostenible, Chiapas pronto será un desierto. Recuperado el 17 de junio del 2017, de http://aquinoticias.mx/sin-medidas-desarrollo-sostenible-chiapas-pronto-sera-desierto/

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